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Por Josemari Arocena

Mi amiga y colega Amelia me informa de su blog sobre la discapacidad y me animo a escribir aunque sean unas ligeras reflexiones.

Personalmente con el titulo “Discapacitados” no me siento cómodo. La Real academia define discapacitado como: “ Persona que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas”.

No puedo negar que haciendo una interpretación académica del diagnostico, porque así me suena, entro en sus supuestos y me llevo el epíteto. Sí, es cierto, como TODOS los que estén leyendo ésto, que tengo algunas funciones entorpecidas dentro del elenco de “actividades cotidianas consideradas normales” pero estaba mucho más “impedido o entorpecido” hace 25 años cuando los baños “adaptados a TODOS” no se conocían en España y mucho más impedido cuando viaje por el río Tapajós hasta su confluencia con el Amazonas, compartiendo dependencia con mis compañeros de viaje aunque fueran etiquetados como normales.

Sometiendo a la definición anterior a estiramientos podemos constatar que una persona que necesita gafas no se considera discapacitada mientras que una mujer en avanzado estado de gestación si. Por tanto creo que a la medicalizada definición anterior le falta incluir el aspecto social. Si las gafas fueran tan inusuales en nuestra cultura como los ascensores hace cincuenta años, las dioptrías serian consideradas una medida de la discapacidad de ciertas personas. La técnica y la aceptación social han superado una limitación de las funciones corporales de ciertos individuos.

En este sentido me gusta más una definición de discapacidad relacionada con la diferencia entre las habilidades propias y la realidad del entorno físico y relacional donde nos movamos.

De ello se desprende la responsabilidad de los diversamente hábiles en su necesaria evolución permanente y la de la colectividad para integrar las necesidades y habilidades de todos.

Pero no voy a eludir el aspecto en el que todos pensamos cuando hablamos de personas con necesidades especiales: la asistencia.

En lo referente a la ayuda que TODOS necesitamos es importante hacer algunas consideraciones (nótese que el verbo necesitar esta aquí conjugado en presente de indicativo y en pretérito indefinido).

Un ser humano “normal” en nuestra cultura y siglo actual necesita entre 20 y 30 años para empezar a autosustentarse y le dura el impulso entre 40 y 50 años. Pasando después otros 20 años más sin ejercer actividad económica alguna. Todo lo anterior se refiere a “normalidades estadísticas de promedio” que espero que se entiendan como tales y en las que no incluimos las bajas laborales por enfermedad y otros periodos de inactividad.

Lo “normal” es un concepto estadístico variable en el tiempo: hace 100 años un europeo latino de 1:60 metros de estatura era normal y sin embargo hoy es bajo.

Por tanto sin entrar a considerar que incluso durante el periodo de actividad laboral mas intenso el trabajador/a depende de que otros limpien, cocinen... o mantengan el entorno adecuadamente y sin pagar ninguno de estos servicios podemos concluir que TODOS somos dependientes y sobre todo que hemos sido y seremos grandes dependientes.

Es cierto que unos somos más dependientes que otros tanto en duración como en frecuencia de la asistencia y que incluso algunos de nosotros lo son con dedicación exclusiva todo lo cual nos obliga a afinar bien nuestra contribución a los que nos rodean, ya sean asistentes en primer o último grado.

Estoy hablando de la importancia de aprender a mirar con la sonrisa en el ojo de la mente, de irradiar la energía de gozo que marca la diferencia, de seguir en el camino que desde el agradecimiento más profundo hacia todos y todo se sabe protagonista en su papel, en el rol que la vida nos ha dibujado pero que coloreamos nosotros en cada instante, rol que no es ni mejor ni peor que el de otro, pero que requiere la aceptación consciente, porque la alternativa no es vivir una existencia gris sino la muerte en vida.

Gracias Amelia

 

 

 

 
 

La Asoc. Discapacitados en Acción, tiene su sede social en Miraflores de la Sierra ( Prov de Madrid) y ha sido creada y registrada con la intención de ofrecer colaboración al discapacitado y sus familiares, mediante la información de los medios existentes para lograr soluciones reales a las necesidades de la vida diaria. Con las bendiciones de Lama Gangchen Rimpoche, sanador Tibertano. Contacta con nosotros en discapaccion@gmail.com